Miremos a Vietnam y sorprendámonos

En solo unas pocas décadas, Vietnam ha experimentado una trasformación enorme: ha pasado de ser una sociedad agrícola a convertirse en una pujante nación industrial. Desde el año 2000 este país ha vivido un auténtico boom económico, y su crecimiento anual medio ha sido de casi el 7%, al tiempo que la capacidad de consumo de sus habitantes se ha multiplicado por 6 en poco más de 15 años.

Cada vez son más las multinacionales que anuncian inversiones millonarias en este país. Por ejemplo, tan solo Samsung ha anunciado inversiones en este país por valor de 20.000M$. Hoy, ciudades como Hanói o Ho Chi Min – la antigua Saigón –son a Vietnam lo que Pekín y Shanghai son a China. Es decir, se están convirtiendo en pujantes metrópolis donde los proyectos urbanísticos y empresariales se cuentan por cientos. Según PWC, Ho Chi Minh se convertirá en una de las principales ciudades del mundo en apenas una o dos décadas y será una de las dos ciudades que más crecerán de aquí a 2025.

Es verdad, oficialmente el país continúa siendo comunista, pero podemos decir que su modelo de apertura a la inversión y al comercio exterior es muy similar al que experimentó China tras las reformas de Deng Xiaoping. Aunque el país se haya abierto al comercio y a la inversión exterior, es cierto que aún muchas empresas siguen siendo propiedad del gobierno. Concretamente casi la mitad de las 500 mayores empresas del país. Pero por otro lado, también es verdad que cada vez son más numerosos los planes para privatizar muchas de estas empresas. Como dato relevante podemos decir que el vietnamita lo hace de una forma muy capitalista, en vez de buscar a multinacionales para venderles las empresas públicas, como es muy común, por ejemplo, en Latinoamérica, en Vietnam el gobierno por lo general las saca a cotizar en su particular Wall Street: la bolsa de Ho Chi Minh. De esta forma, cualquier persona puede apostar e invertir en estas compañías y, desde luego, el modelo es más transparente, consigue mejorar la recaudación del estado y no destruye la competencia.

También hay otras diferencias con China: por ejemplo, aunque las exportaciones y las inversiones industriales van viento en popa, el gobierno vietnamita también ha dado prioridad, desde el principio, a otras áreas más ligadas a los servicios, como por ejemplo el turismo. Sin duda, la mejor muestra de todo esto es Phu Quoc Island, una isla casi del tamaño de Singapur que el gobierno quiere convertir en una meca internacional del turismo y el ocio. Y para ello, claro está, ha confiado en el mercado internacional: Aquí los turistas no necesitan Visa para entrar, el gobierno ha construido modernas infraestructuras y se han dado muchas facilidades a que los inversores internacionales lleguen con su dinero.

El resultado es un impresionante boom de hoteles, resorts, apartamentos, parques temáticos e incluso un casino. Los proyectos en marcha se acercan a los 200 y las inversiones ya en marcha superan los 6.000 millones de dólares.

Desde luego, ya podes imaginar que las perspectivas son ahora brillantes para los habitantes de la isla que hasta ahora sobrevivían gracias, prácticamente, a una pesca de subsistencia. Y no solo eso, la llegada de turistas internacionales es un buen conductor para nuevas ideas que favorecen el aperturismo y el entendimiento. Durante los próximos años Vietnam dará mucho que hablar